• 3 de diciembre de 2021 23:34

La «Dama de los Montes» o la «Vieja de la Sierra» (Villamanrique).-

Bosque Oscuro

La anciana mujer-memoria, villorreña de nación, sólo recuerda que siendo niña, su abuela le contaba que un criaturo se descaminó cuando iba leñeando en la sierra, en un terreno de mucho bosquerío… y se salvó porque una desconocida mujer que vivía en ella lo amagó del frío y de los lobos… pero que su memoria no tiene para más alcances. Y que oyó que a esta mujer la llamaron en alguna ocasión “La Hermana de la Sierra”.

En otros lugares de la provincia de Ciudad Real, Porzuna, Herencia, Ruidera… donde apareció esta misteriosa mujer, se la conoció por diferentes nombres: “La Dama de los Montes” y “La Vieja de la Sierra”.

En su tiempo, el acontecimiento de la desaparición y posterior aparición de los niños tuvo mucha resonancia popular en sus respectivos pueblos. Hay quién quiso ver en ellos, milagrosas manifestaciones marianas; otros, mayoría, fantasías infantiles; algún releído, que eran vestigios imaginados de primigenias hamadríades, señoras de los bosques; forasteros estudiosos, que eran sombras de ritos iniciáticos en lo más profundo del bosque primitivo… y los últimos sostuvieron, que no había nada de sobrenatural en los casos: que tan sólo eran mujeres “desapartás” voluntariamente de la sociedad y de su tiempo.

(Fuera de nuestra provincia, casos puntuales, conocidos popularmente como “los niños desaparecidos” tuvieron fuertes resabios parasicológicos y ufológicos).

Todas estas enigmáticas mujeres poseían un denominador común: las características de un espíritu femenino que protegía de los peligros y amenazas a los niños indefensos y extraviados.

En los cuatro casos recogidos, que no guardan relación alguna de parentesco, espacial ni temporal, son niños de corta edad, que enviados por sus padres, bien por decisión propia se adentran en la espesura del bosque, que siempre se halla en una sierra cercana al pueblo, en búsqueda de leña para su posterior venta y así ayudar a la mísera economía familiar o simplemente para consumo particular, desaparecen sin dejar huella alguna.

En pos de la leña, los pequeños recolectores se hunden en lo más recio y hondo del bosque. A la hora de la vuelta se dan cuenta que se han extraviado y no encuentran, pese a los muchos intentos, el rastro del regreso. Perdidos, desesperados y desorientados los niños ven llegar los primeros oscuros de la noche, y con ella empieza a helar. Los mozicos lloriquean, llaman angustiosamente
a sus padres. Piden auxilio con las escasas fuerzas que les quedan.
Aúllan los lobos, andan de lobá, pues, han olisqueado la carne de los niños y empiezan a acercarse. Los niños buscan refugio junto a una gran roca o al abrigo de un árbol caído, hambrientos y aterrorizados se hacen un ovillo y permanecen inmóviles, sin atreverse a rebullir ni un pelo. Todo es negro y los niños están indefensos en la noche que murmura lúgubres bisbiseos. El hielo nocturno, mortal acariciador, les va cerrando los ojos.

Mientras, en Villamanrique, Ruidera, Herencia, Porzuna, los padres y vecinos, que preparan batidas para el venidero amanecer, mantienen escasas esperanzas de hallar con vida a sus hijos: sí la helada no acaba con ellos, los harán los lobos, que hogaño andan muy ganuzos…y es que la sierra tiene unas asauras muy malísmas.

Y, cuando todo parece perdido para los niños, se produce el milagro. Aparece junto a ellos una hermosísima joven o una anciana de serena belleza que, con extraordinaria ternura les coge de las manos y les anima a que la sigan con dulces palabras. Ante la presencia femenina los lobos reculan temerosos y respetuosos. La súbita protección de misteriosa mujer llena a los niños de una sensación de cálida placidez, de sentirse defendidos por la protección materna. “La Vieja de la Sierra” o “La Dama de los Montes” conduce a los niños a una acogedora cueva o a una humilde cabaña, donde se sientan junto al fuego y la mujer les da de comer y les cuenta cuentos mágicos hasta que el sueño los acoge.

En uno de los casos (Porzuna) “La Vieja de los Montes” da al niño bellotas como único alimento, pero a este le cuenta una maravillosa historia que el niño se niega a revelar al encontrarse de nuevo entre los suyos. Así pasan la noche, en el calor de hogar y cuando despiertan, al día siguiente, la joven o la anciana, les guía hasta la raya del bosque, donde con grande sorpresa y alegría
de las familias, los encuentran sanos y salvos, contando quimeras.

Padres, madres abuelas y vecinos se hacen crucen del prodigio, pues, ha sido un milagro de los cielos, que aquellas inocentes alma de Dios hayan podido sobrevivir a una noche como aquella en el bosque, ensabanado de gélida escarcha y a la gran cantidad de alimañas que rondan por la zona.

Los niños cuentan a sus familias, con absoluta naturalidad, la presencia salvadora de la dulce y bienhechora mujer y como han sido protegidos por ella. Los mayores incrédulos, siempre se precian de ello, ante el extraño relato, dudan de las palabras de sus hijos. Culpan a los terrores y a las pesadillas de sueños helados, esa imaginada salvadora. Pero una y otra vez los niños tabarrean en los mismo, como fueron liberados de los peligros por una joven / vieja de beldad nunca vista, de dulzura jamás conocida y de sonrisa virginal. Y como su resplandeciente rostro encendía la oscuridad boscosa.

Cada uno de los sucesos quedó en cosas de niños, pues, ninguno de los adultos había visto, ni vería jamás a tan reservada y bondadosa moza o abuela.

Uno de aquellos pequeños, conocido como “El Hermano Perdio” que fue protagonista de una de estas aventuras, a principios de 1940, y que fue salvado por esta especie de ángel tutelar, vive aún en una ciudad española muy distante de su pueblo manchego, y sigue hincado en su memoria, como un día siendo mozico muy nuevo, le salvó la “Vieja de la Sierra”.

(Fuente: Villamanrique, Tierra de Historia y de Poetas. Carlos Villar Esparza y Constancio Zamora Moreno)

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